LOST (Perdidos), o de como hacer un San Francisco con un toque de whisky, azúcar y chili.

13 04 2010

El éxito es una fórmula que tiene poco de lineal, sobre todo si hablamos en lo que se refiere al campo de arte, espectáculos, televisión y, por ende, control de masas.

Imaginaos, por un momento, a Kim Jong Il sin el poder de cortar las pelotas a sus conciudadanos y apuntar a sus plantaciones de arroz con ojivas nucleares, soltando un discurso encandilador que nubla los ojos del pueblo norcoreano y lo convierten en siervos con la voluntad totalmente doblegada hacia él.

Ahora volvamos a imaginar la misma situación, pero cambiando la fecha y variándola en un período máximo de, pongamos, dos años. Es muy posible que, en lugar de conseguir que las “miembras” del Partido tiren sus bragas hacia él y se inmolen por su país, le abucheen y le arrojen tomatazos a diestro y siniestro.

Los guionistas y productores de Hollywood conocen muy bien esto. Películas que en su momento fueron tachadas de purgante recomendado por el doctor Hipócrates ahora son consideradas de culto, y obras maestras de época ahora son filmes del montón, o eso dan a entender con tanto remake.

Para solucionar esto, en un derroche de inteligencia, parece que unos cuantos han puesto en práctica una táctica experimental, aunque burda, para convencer a todos, no importa la edad, sexo, gustos o el tipo de anulación mental social que haya sufrido el objeto de estudio (esto es, moda). Se trata de hacer una producción que vaya sobre todo.

Por un lado, tenemos el caso de la película Australia, donde una Nicole Kidman que interpreta el papel de palo de escoba que aspiraba a ser hembra humana, fue conquistada por un Hugh Jackman que sufrió la misma evolución que Homer Simpson a lo largo de su serie, raptando a un niño aborigen y formar así una enfermiza familia. Más allá de esto, no acabo a llegar a saber si es una comedia, un drama, una bélica o una friki. Más bien, el bueno de Schrödinger nos ha dado una pista gracias a su gato: La peli son de todos los géneros pero de ninguno, a la vez.

En el caso que nos atañe, LOST, afortunadamente la duración de la historia es mayor, por lo que los cambios de argumentación no son tan proclives a causar trastornos bipolares, y da tiempo a asimilar y hasta coger cariño a cada una de sus subseries (temporadas). Sin embargo, esto obliga a olvidar las temporadas anteriores cada vez que se comienza con una nueva.

Así, la serie comienza como si fuera una versión moderna de los Robinsones, pero sin pasarse como en “Perdidos en el espacio”.

La segunda temporada se puede asimilar con las películas de supervivencia, donde un grupo de personajes estereotipados intentan despistar a un mal que se los va llevando uno a uno.

Con la tercera temporada nos puede servir para rellenar el profundo vacío que nos ha dejado la censura de la última entrega de Saw. En esta se presenta a “los otros”, como los de Amenabar pero más morenitos y degenerados.

La cuarta, es perfecta para que, si Antena3 o Telecinco tuvieran una crisis que les obligara a recortar gastos y suprimir los melodramas de sobremesa en los fines de semana. ¡Lástima, el grupo PRISA se os adelantó!

En la quinta, parece que los guionistas fueron obligados a leerse relatos cortos por un tubo de Phillip K. Dick. De hecho, hasta sale uno de los personajes (Benjamin Linus), leyendo una recopilación de estos. Me extraña que no hayan tenido noticias de los herederos.

Qué decir de la sexta y última, donde Bruce Campbell encajaría a la perfección como personaje (las similitudes con “Army Of Darkness-El ejército de las tinieblas” o, más ténuemente, con “Evil Dead”, son acojonantes). ¡J. J. Abrams, te hemos pillado, deja de acosar a Sam Raimi y espiarle!

Afortunadamente, parece que acaba la cosa aquí. Siguiendo la progresión argumental, me veo a los capítulos de una hipotética continuación comenzando con Jack Sheppard vestido con vaqueros, chaqueta “casual” desabrochada y camisa violeta a juego con el telón de fondo, micrófono en la mano y montones de espectadores (también casuals), que aplauden por escucharle contar anécdotas que, puestas en la boca de un abuelo cebolleta, le darían puntos en las mejores residencias de ancianos del país:

“¿Sabéis qué es lo mejor de mi amigo Sawyer? ¡Que me sirvió como segunda opinión sobre la aptitud de Kate en la cama!” -risas tímidas- “No, no, esperen, esperen. Por favor, por favor. Gracias, gracias. Es que si no, macho, ¿cómo os explicáis que siempre tuviera la cabeza torcida? ¡Yo os lo diré! ¡El placer le dejó una embolia cerebral!” -risas aplausos, y redoble de tambor cortesía del batería de la orquesta-.

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2 respuestas

19 07 2010
pimarrero

Bien, ironico y gracioso.
son gustos, por lo pronto a mi la serie me parecio muy solida, con personajes muy bien interpretados y muy bien escritos. Algunos de ellos, fascinantes (Desmond, Sawyer, Linus, El Humo Negro).
Ademas supieron atrapar al publico (sin exentricidades, sangre o sexo) (aunque no hubiese estado mal ver a Kate en paños menores) respetando el contexto en que estaba escrita y se desarrollaba la historia.

20 07 2010
LordExess

Dios, tanta palabrería para no acabar diciendo nada con sentido!

He aquí la petulancia de todo un crítico actual

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